
El recién electo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Mr. Herbert Clark Hoover, llegó de visita a Guayaquil, cuyo anecdótico itinerario, nos place compartir; el mismo que se inició desde el día miércoles 28 de noviembre, hasta el día domingo, 2 de diciembre de 1928.
El ilustre mandatario norteamericano, fue recibido en el Palacio de la II Zona militar ubicado en la avenida Nueve de Octubre, por el Presidente de Ecuador, el Dr. Isidro Ayora Cueva.
Mr. Hoover, salió de la Bahía de San Francisco (10 de noviembre de 1928), hacia el puerto de Amapala, (Honduras), a bordo del crucero de la Marina «Maryland» y escoltado por 6 destroyers; luego de cruzar el Canal de Panamá, llegó al puerto de Guayaquil; después de presenciar, una fuerte tempestad en el mar, en donde la fiereza de altas olas ,puso en vaivén la poderosa embarcación; sin embargo, el choque de la proa y el agitado mar hicieron temblar a la tripulación y en especial al ilustre pasajero, Mr. Herbert Hoover, que le conmovieron el inconsciente, en el que venía concentrado, con las noticias del colapso de Wall Street, anunciadas para el nuevo año (1929),que ya estaba cerca.
La causa del desplome de Wall Street (1929) fue por la especulación; millones de personas invirtieron sus ahorros o pidieron préstamos para comprar acciones, que elevaron,los precios a niveles insostenibles.
En cambio, en Guayaquil, los habitantes, vivían la novedad de la visita de tan ilustre huésped. La Zona Militar,pide a importantes familias que presten juegos de muebles de sala de fino acabado; así lo hace, doña Teresa Concha de Pérez Aspiazu (abuela del Dr. Rodolfo Pérez Pimentel, cronista vitalicio de Guayaquil, cuyo importante libro ha servido como fuente bibliográfica, para el relato adjunto); quien cedió, juego de muebles de cuarenta y ocho piezas tipo Regencia, con sofás, sillas,”tu y yo”, consolas, trumeaus, bules; que lucieron, en las salas principales del edificio militar; que en la actualidad, las instalaciones, muebles, enseres y complementos, son sobrios, tradicionales y elegantes, tuve la oportunidad de conocer ,durante mi incorporación a la prestigiosa Academia Nacional de Historia Militar, gracias a la invitación de los directivos: Gral. Paco Moncayo, director y Crnel. Iván Borja Carrera, secretario, las palabras de bienvenida, por el crnel Patricio Haro Ayerve, Director del Instituto de Altos Estudios Nacionales (reemplazado por un coterráneo).
El Concejo Cantonal de Guayaquil, presidido por el Dr. Leopoldo Izquieta Pérez; declaro:
“Huéspedes de Honor”, al presidente Hoover y al embajador norteamericano en Quito, Mr. Henry Prather Fletcher, con diplomas de honor. La llegada del presidente norteamericano Herbert Hoover, era oportuna; por cuanto el Ecuador, permanecía aislado; razón por la cual el canciller Homero Viteri Lafronte, recomendó atender, de lo mejor al presidente gringo, por depender de él, una decisión de apoyo a nuestra encrucijada territorial.
-Cedemos la palabra al versado historiador y genealogista, doctor Rodolfo Perez Pimentel:
-“En 1.928 Ecuador, estaba en grave crisis internacional promovida por Colombia, Perú y Brasil, que acaban de firmar un Tratado de Límites,a espaldas de nuestro país: el Tratado secreto Salomón – Lozano, suscrito (1.922), entre Colombia y Perú, por el cual Colombia, cedía a al Perú, extensos territorios a las márgenes del rio Putumayo, en la región norte amazónica, recibidos a su vez, de nuestro país (1.916 )según Tratado “Muñoz Vernaza – Suárez” ,por cuyas razones nuestra posición, era incómoda y permanecíamos aislados.”
En los EUA, se analizaba: la Fórmula Mixta; que dependía del presidente Hoover, para detener al Perú en su voraz afán de conquista territorial.
El día miércoles, 28 de noviembre de 1928, por disposición del gobierno, el cañonero “Cotopaxi”, estaba acoderado, desde las tres de la tarde, en el Muelle Fiscal, para movilizar a las autoridades ,invitados y público, hacia Duran,para recibir al presidente, a quien debían recibir, también desde el cerro Santa Ana con veintiun cañonazos; como salvas de bienvenida.
El Gobernador de la Provincia del Guayas, encabezó el grupo de autoridades que viajaron a la estación del ferrocarril en Durán;también, el Intendente, el Comandante General de la Armada, Juan Francisco Anda, los miembros del Concejo, directores de Diarios, Cónsules acreditados, Comisarios, miembros de la policía secreta, Bomberos, Militares, Sacerdotes y Civiles; casi toda la ciudad, además, lasbandas de música que tocaban a rabiar; a pesar del incandecente sol, que incendiaba el muelle repleto de pubico, que los hombres vestidos de blanco, guayabera y sombreros de paja toquilla, lo mismo las damas con pastoras, abanicos españoles y acicaladas con flor de zinc en la cara, todas hermosas, que lucían radiantes y coquetas.
Subir a la embarcación, fue la salvación, para sentarse en proa o en popa del “Cotopaxi” que estaba de bote en bote a reventar; que al fin arrancó con un fuerte tirón de la máquina y un pitar agudo; todos se vieron alejarse del malecón; los curiosos y quienes no alcanzaron a subirse, sólo aplaudian y veían alejarse la embarcación, para navegar por el anchuroso río, que manso lame las riberas del Guayas.
La viejísima nave, al llegar a la mitad del río, se apagaron los motores; en pleno río se quedó varado. Todos gritaron de angustia, las damas se arrodillaron para rezar una plegaria a la Virgen del Carmen (patrona de marineros y pescadores); los hombres imploraban a San Telmo;
empezaron a arrepentirse de sus pecados; la tripulación y la marinería; hacían su trabajo y las primeras gestiones para salir del aprieto; lo peor de todo, con el Gobernador, autoridades y damas adentro, que lloraban, otros gritaban de angustia, no haber dejado, suficiente dinero para su familia, otros ni siquiera para la leña ni la leche para el gato; algunos que sabían nadar, ya se alistaban para tirarse al agua, arrepentidos de ser “ayoristas”y regresar al muelle de donde habían salido.
Al fin de algunos minutos de sustos y apuros,que parecían siglos medievales; vieron a distancia que parecía a lontananza, que acudían los pequeños vapores, el “Enrique Valdez” y el “Tarqui”, que amarrados como políticos al “Cotopaxi”, lograron poner en movimiento después de cuarenta minutos de infernal suplicio; que parecían cuarenta siglos; pero prosiguió el convoy hacia el muelle ferroviario de Duran; desde donde todos bajaron a lanchones pequeños para arribar al muelle.
Apenas, recuperados del susto, volvieron a ser “arroyistas” y a las 4 de la tarde, se oyó el pitazo de la locomotora, que llegaba desde Riobamba, allí, estaba el presidente doctor Isidro Ayora, con su esposa guayaquileña y primera dama doña Laura Carbo Núñez de Ayora, junto a la numerosa comitiva, familiares y demás asistentes; entre los que estaba también, el Presidente de la Corte Suprema, varios Ministros, embajadores, diputados, senadores, toda la plana mayor de los tres Poderes del Estado.
El “Cotopaxi”, disparó los veintiun cañonazos, como salvas de saludo y toda la comitiva subió al averiado barco, “Cotopaxi”, remolcado por dos pequeñas embarcaciones; pero era la única manera de cruzar el río Guayas, hacia el muelle No 7, junto al reloj público de la Torre Morisca del malecón; a donde llegaron a las cinco de la tarde, el regreso fue lento.
Desde el cerro Santa Ana volvieron con otros veintiun cañonazos. El presidente Ayora caminó por la avenida Nueve de Octubre, acompañado de una compacta muchedumbre; resguardado por los batallones: «Zapadores del Chimborazo», «Tungurahua», «Policía» y «Caballería»; el mandatario, emocionado saludaba, abrazaba la multitud, por novelería, deliraba en aplausos; en cambio el presidente, fatigado, se retiró al hotel a descansar; eran las siete de la noche.
EL PRESIDENTE HERBERT HOOVER LLEGA A GUAYAQUIL
Despues de varios días de navegación el presidente Herbert Hoover, había arribado el día sábado 1 de diciembre de 1928 a las cinco de la mañana, a la isla Santa Clara a bordo del buque “Maryland”, un barco insignia de la marina norteamericana, construido (1.917) apto para desplazar treinta y dos mil seiscientas toneladas; algo asombroso para la época.
La prensa, había difundido abundante información acerca del presidente norteamericano y su viaje a Guayaquil primero y luego a Quito habló con mucho énfasis, subrayando el hecho de ser un individuo intelectual más que emocional, de rostro fuerte y que habiendo comenzado de simple vendedor de periódicos, estudió economía y se destacó entre 1.920 y 1921; para arreglar la situación financiera del reino de Bélgica, empobrecido a raíz de la Gran Guerra.
¡Es todo un carácter este gringo Hoover! – comentan en la ciudad. Herbert Hoover, fue un ingeniero, empresario y político estadounidense, el trigésimo primer presidente (1929-1933). Hoover, nació en 1874 (West Branch)EUA; falleció(1964), de 90 años en Nueva York, EUA de emorragia interna y cáncer colorrectal.
Su presidencia estuvo marcada por la gran depresión, sus políticas y métodos para combatirla fueron considerados mediocres.
LA COMITIVA ECUATORIANA
El domingo 2 de diciembre, a la una de la mañana salió la comitiva ecuatoriana a bordo del “Cotopaxi con destino a Puna, la comitiva,estaba presidida por el canciller Homero Viteri Lafronte.
Los buques Maryland y Cleveland, arribaron a las 9 de la mañana con el presidente Hoover a Puná, su llegada causa sorpresa es recibido con las salvas de estilo de veintiun cañonazos a pesar que nadie le conoce.
A las dos de la tarde, el presidente Hoover a bordo del “Cleveland”, entra en el puerto de la perla del Pacífico, que cautivó al ilustre visitante al contemplar la belleza natural del paisaje marino y el colonial malecón de Guayaquil.
A su lado estaba, su esposa, Lou Henry Hoover, según, la interesante bibliografía (Rodolfo Pérez Pimentel) -“lucia muy elegante y delgada, de rasgos afables y femeninos”.
A las dos y media, de la tarde, los pasajeros del buque Cleveland se embarcaron en la pequeña lancha “Enrique Valdéz”, que pasa frente a Las Peñas y al pasar el cerro Santa Ana, disparan otros veintiun cañonazos como salvas de saludo y bienvenida al ilustre huésped.
Al llegar y desembarcar los pasajeros en el muelle, los mandatarios saludaron, también las primeras damas, las autoridades y funcionarios; luego se embarcaron los presidentes, en un automóvil Cadillac abierto y las señoras en otro vehículo, que recorrieron la avenida Nueve de Octubre, la principal arteria guayaquileña, con una inmensa muchedumbre que aplaudía a los mandatarios, a quienes desde los balcones arrojaban flores; el Cuerpo de Bomberos y los colegios, con banderas en alto rendían honores a lo largo del trayecto.
Llegaron a la II Zona Militar, cuyo edificio ubicado en el boulevar Nueve de Octubre, según referencias -del cronista vitalicio de Guayaquil, doctor Pérez Pimentel- “el actual edificio militar, era la antigua residencia del acaudalado comerciante, Rogelio Benítes Ycaza, situada a una cuadra de la plaza del Centenario”.
Los ilustres mandatarios: Herbert Hoover e Isidro Ayora mantuvieron una breve conversación y salieron al balcón, para escuchar los gritos eufóricos de la multitud, que daban vivas al ilustre visitante, que junto a su homólogo ecuatoriano, observaban desde el antiguo balcón, también la música y marchas entonadas por las principales bandas del ejército y municipal; también los himnos de los Estados Unidos y de Ecuador.
Después, empezó el desfile de los batallones, el cuerpo de bomberos, los principales colegios de la ciudad.
Terminado el desfile, los mandatarios y la comitiva se trasladan al Municipio en donde en sesión solemne el doctor Leopoldo Izquieta Pérez, lee un conceptuoso discurso y declara a Hoover y al Embajador de EUA, en Quito, huéspedes de honor de la ciudad.
Al finalizar los importantes actos; el doctor Isidro Ayora; a nombre del gobierno ofrecio a su ilustre invitado un banquete de despedida en los salones del Club Metropolitano, situado en el mismo boulevard y Pichincha, al que asisten los invitados vestidos de estricta etiqueta, al finalizar el banquete, todos se retiraron a descansar.
Al siguiente día, los mandatarios y sus comitivas, se trasladaron a la estación del ferrocarril en la parroquia de Durán, para viajar a Quito; cuyo artículo de la visita será compartida en la próxima entrega.
Agradecemos al Dr. Rodolfo Pérez Pimentel, por permitirnos acceder a su interesante bibliografía digital, para consultar.
Ermel Aguirre González.
Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia Militar.




