Arte y Arquitectura Colonial

Categoría: Arte y Cultura


ARTE Y ARQUITECTURA COLONIAL

A través de la cerámica dejada por nuestros aborígenes, se puede apreciar el buen gusto, la extraordinaria imaginación y, sobre todo, su habilidad artística genial que poseían nuestros antepasados. El arte ecuatoriano, desde el año de 1500 hacia adelante, no es importación española ni tampoco es permanencia preincásica o incásica; sino el conjunto de todas esas manifestaciones autóctonas e influenciadas con la conquista, debido  a varios trámites como: el cambio de mentalidad de los elementos enfrentados (españoles y mestizos); la fundación de urbes y la influencia misionera, todo esto se ve reflejado en el arte de la Escuela Quiteña. Las manifestaciones de expresión artística y cultural en la Real Audiencia y Presidencia de Quito, estuvieron bajo la influencia religiosa; así como la educación, la arquitectura de sus templos y el arte que adornaba, los mismos estaban influenciados por las diversas congregaciones religiosas. Fue así que en el convento de San Francisco se organizó la escuela de artes y oficios manuales, para hijos de mestizos, que se constituyó en la primera de su clase en Sudamérica.

Los escultores que sobresalieron en el período colonial fueron: Caspicara, Diego de Robles y José Antonio Olmos, Menancho fue el extraordinario escultor que talló con admirable maestría el púlpito de la iglesia de Guápulo. El padre Carlos fue el escultor del grupo de la negación de San Pedro, que está en el retablo del altar de Almas, en la Catedral de Quito, en la que se puede apreciar una exuberante decoración con motivos hispanos, como son sus columnas. Manuel de Chili, conocido como Caspicara, fue el genial maestro que esculpió en detalle la Sábana Santa, en el transcoro de la Catedral de Quito, en cuya obra se aprecian las características de un auténtico realismo.

   

La iglesia de San Francisco (1532-1558), fue uno de los primeros templos elevados en Quito, obra del notable arquitecto Fray Jodoco Ricke; allí se aprecian obras manieristas, una de las más importantes de Sudamérica; Ricke tuvo el apoyo de los frailes Pedro Gocial, Jácome Flamenco y Germán el Alemán, un grupo extraordinario de flamencos que trabajaron con tenacidad en el templo franciscano. Entre los pintores que alcanzaron la celebridad está Miguel de Santiago, pintor de la Escuela Quiteña que se especializó en variados temas religiosos, de manera preferente las "Inmaculadas", como la de este cuadro que representa la Inmaculada del Convento de San Agustín,  que coserva una magnífica colección de cuadros notables de este genial pintor. Otros pintores importantes son: Nicolás Javier de Gorívar, Bernardo Rodríguez y Bernardo Legarda, Manuel de Samaniego, Pampite, Sánchez Gallque, Sangurima, Quishpe, Matheo Mexia y otros tantos que se mantuvieron en el anonimato al no firmar sus obras. El retablo mayor de la Capilla de Cantuña, en el convento franciscano, en el cual se observa una riquísima ornamentación, en cuyo nicho central, de arco semicircular, con abundantes figuraciones, en la que está el grupo del Calvario, obra de Bernardo Legarda. El retablo lateral de la capilla de Cantuña, en relieve de la Impresión de las llagas de San Francisco, magistral obra de Caspicara, en la que se aprecia la expresión del arte barroco, de influencia italiana. El claustro de Santo Domingo, del Convento del mismo nombre, en el que se observa una arquitectura simétrica, orientada en pilares octogonales. Este templo se halla ubicado en el sitio conocido como la "Loma Grande", cuya concesión, la congregación religiosa dominicana la obtuvo el 1 de junio de 1541.

   

 

La presencia de los jesuitas en la Real Audiencia de Quito, data desde el 1 de julio de 1586, en que llegaron los primeros religiosos jesuitas de la compañía de los hermanos de Loyola. En el crucero de la iglesia de la Compañía se halla el retablo de San Francisco Javier, en un solo cuerpo, que contiene un gran nicho central que guarda la estatua del santo, enmarcada por columnas salomónicas, decorada con motivos florales, es una réplica del retablo de la Iglesia de San Ignacio en Roma.

 


Convento de San Agustín

El claustro del convento de San Agustín, fue construido por el arquitecto extremeño Francisco Becerra, quien continuó también la construcción del Convento de Santo Domingo.

El convento de los religiosos agustinianos consta de doble galería, con arcos de medio punto, sobre columnas toscanas en la planta inferior y arcos de diámetro diferente en el piso superior, consta de tres naves bien ornamentadas. La galería de la planta baja del claustro del convento de San Agustín, tiene un rico artesonado de formas geométricas, decoración floral y una serie de lienzos referentes a la vida de San Agustín, separados por estípites de busto humano.

Iglesia de la Concepción

El monasterio de la Concepción, en la cual se aprecia la galería superior, y en la que se han utilizado como soporte, columnas de fuste cilíndrico y pilares octogonales.

Claustro del Convento de Santa Clara, en el que se puede apreciar la parte de su galería de la planta baja, formada por arcos de medio punto, sobre pilares cuadrados, la planta superior es adintelada con soportes de madera, al fondo se destaca la cúpula de forma elíptica, que cubre la nave central de la iglesia.

Se atribuye a fray  Antonio Rodríguez, haber intervenido en forma decidida en su construcción.


Imagen del Niño del Pensamiento.


Esta magnífica obra de arte está tallada en  madera y decorada con policromía brillante, técnica que caracteriza a la escultura de la escuela quiteña.

La recolecta de San Diego, la que se halla conformada por la iglesia y el claustro construidos sobre pilares octogonales en  que descansan la galería de arcos y el cuerpo superior de ventanas decoradas con molduras rectangulares y ovaladas. En su construcción colaboró en forma efectiva fray Antonio Rodríguez.

El santuario de "Guápulo", en cuya construcción intervino fray Antonio Rodríguez, es considerado como una verdadera joya arquitectónica del siglo XVII, por su planta  de perfecta cruz latina y su elevada cúpula sobre linterna.

 

  

En las construcciones civiles o viviendas particulares tanto de las ciudades como las  de campo levantadas en haciendas importantes, se observa un claro contraste con las construcciones religiosas, en las que primaba la riqueza ornamental, la suntuosidad, derroches de imponencias y estilos clásicos. Las viviendas particulares eran construidas generalmente de adobe, sencillas y cuyas habitaciones y dependencias estaban ubicadas alrededor de un patio interior. La madera, la piedra, el adobe, el barro, la teja y la paja eran los materiales que primaban en sus construcciones.


CATEDRAL DE CUENCA

La nueva Catedral de Cuenca, que empezó su construcción a finales del siglo XIX por el arquitecto y hermano Juan Stiehle, que debido a lo monumental de su obra no se llegó a terminar sino después de varias decenas de años.
Se halla en el lugar que ocupaba una antigua mezquita árabe y que en la actualidad se conoce bajo el nombre de Capilla Honda, de la que se conservan unas esplendidas puertas mudéjares que sirven de paso a la vieja capilla
Reconquistada a los moros, la ciudad de Cuenca en 1177, el rey Alfonso IX, de León, nombró obispo de aquella diócesis a D. Juan Yáñez; el arcediano San Julián, que había acompañado al rey en la conquista de Cuenca, se quedó en esta ciudad, donde permaneció seis años para ayudar a establecer casi de nuevo la religión cristiana. Pasó luego á Toledo, y, muerto en 1195 el obispo D. Juan Yáñez, el rey D. Alonso obligó á San Julián a aceptar la silla episcopal de Cuenca.


CATEDRAL DE RIOBAMBA

La fachada de la Catedral es una reliquia histórica, fue rescatada de los escombros de la antigua Riobamba, destruida en el terremoto de 1797. La fachada de la Catedral de Riobamba es una reliquia histórica, de estilo barroco mestizo. Construida en piedra calcárea blanca, contiene relieves en los que están presentes expresiones aborígenes y españolas, escenas del viejo y nuevo testamento e iconografía religiosa.


CATEDRAL DE LATACUNGA

La Catedral de Latacunga, se levanta con una cándida sencillez, demostrando toda una gama de forma y estilos. En esta ciudad quedan muy pocas construcciones de la época colonial, debido a que está situada muy próxima al volcán Cotopaxi, que en sus varias erupciones ha terminado arrasando la ciudad y sus entornos.
En esta ciudad se podía admirar la belleza arquitectónica de sus principales iglesias, templos y conventos, como: La Iglesia Mayor, San Francisco, Santo Domingo, San Agustín, La Merced, La Compañía y las Carmelitas, cuyos templos monumentales han desaparecido casi todos. En los mismos sitios se volvieron a edificar nuevos edificios, como: la Iglesia Mayor, San Agustín, Santo Domingo y la Merced; la Compañía, en donde funcionaba el antiguo colegio de los jesuitas que se convirtió en el actual colegio Nacional Vicente León. Otras reliquias históricas como la mansión del marqués de Maenza, ha sido ocupada por el colegio religioso de las Bethemitas; el viejo molino de la Compañía la ocupa el edificio de la Casa de la Cultura, núcleo del Cotopaxi.


CATEDRAL DE AMBATO

Ambato, hasta mediados del siglo XVIII, era tenencia bajo dependencia del corregimiento de Riobamba. Sus habitantes han soportado las inclemencias de los desastres causados por los terremotos y erupciones del Tungurahua y Carihuairazo; sin embargo, se ha mantenido y conserva su urbanismo tradicional.


CATEDRAL DE TULCÁN

Fachada de la catedral de Tulcán, construida a base de ladrillos, con ornamentaciones ovaladas. En su parte central se levanta una torre que termina
en dos cúpulas: una grande y otra pequeña.

La magdalena a los pies del crucificado, obra de Gaspar de Sangurima, artista cuencano que pudo lograr un extraordinario patetismo en sus obras, con realizaciones sangrantes.

 

Crucifijo y San Pedro de Alcántara, que se exibe en el monasterio del Carmen de la Asunción, en Cuenca, cuyas características de sus obras demuestran la influencia artística de la escuela quiteña.


LA PINTURA QUITEÑA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

A fray Jodoco Ricke se le debe la iniciativa, el impulso de preparar el material humano para el desarrollo de las artes.


Fue este flamenco religioso genial, quien fundó la primera Escuela de Artes y Oficios en Quito, denominada San Juan Bautista,  que luego se transformó en el colegio de San Andrés, en donde se forjó el elemento humano indispensable para el proyecto urbanizador fabuloso.

La pintura quiteña nació y se inició en el colegio San Andrés, como una rama de las artesanías que contemplaba el programa de enseñanza; quien dirigía esta institución era el padre Pedro Gocial, llamado fray Pedro el Pintor.


El colegio de San Andrés funcionó en el convento de San Francisco, hasta 1581, año en que la Audiencia encargó la dirección del mismo a los padres agustinos.

Fray Pedro Bedón fue el criollo más importante y destacado de aquella época; nació en Quito en 1556, ingresó a la Orden Dominicana; en 1575 estuvo en Lima, en donde hizo amistad con el hermano jesuita Bernardo Bitti, pintor italiano y quien influenció en el religioso quiteño aún más su afición a la pintura.

 


Miguel de Santiago

Miguel Vizuete era su verdadero nombre y apellido, nació en Quito en el segundo cuarto del siglo XVII.

Fue Fernando de Rivera (Hernando de la Cruz),  el cual dscubrió la verdadera vocación artística de Miguel de Santiago y fue él quien ayudó en su formación en el arte de la pintura, para llevar el arte colonial quiteño a la máxima expresión en el arte de Hispanoamérica.

 

Entre sus obras principales tenemos:

Muchos de la inmensa lista de cuadros de Miguel de Santiago o atribuidos a él, no llevan su firma, pero los estudios comparativos realizados por los técnicos, han demostrado que se deben a la mano genial de este artista. En la iglesia de Guápulo se exhiben algunos  cuadros valiosos de este pintor genial. Discípulos de Miguel de Santiago fueron: Carreño, Bernabé-Lobato, Simón Valenzuela, entre otros; pero, entre los alumnos más aprovechados y preferidos está Nicolás Javier de Goríbar, quien supo mantener el prestigio de su maestro, hasta  entrado el sigloXVIII.    
Falleció el 4 de enero de 1706.

La serie sobre la Doctrina Cristiana, que se conserva en el museo de San Francisco, es obra de Miguel de Santiago, cuya interpretación alegórica corresponde a las verdades del dogma y la moral cristiana; estas obras se constituyen en el conjunto de mayor envergadura desarrollada por este magistral pintor de la escuela quiteña, plasmadas en ocho composiciones de gran originalidad.


 

EL BARROCO EN EL ARTE Y ARQUITECTURA  DEL SIGLO XVIII

El sagrario del altar mayor de la iglesia de San Francisco de Quito, en donde se pueden   apreciar las columnas salomónicas, sobre las que descansan los arcos decorados de racimos de uva; una clara muestra del estilo barroco.

El altar mayor de la iglesia de la Compañía de Quito, es una fehaciente demostración de la suntuosidad del arte barroco del siglo XVIII en Quito; en el que los artistas han utilizado una variedad de elementos, como: conchas, hornacinas, bustos, columnas salomónicas, racimos de uvas, vegetales entrelazados, angelitos, etc, todo lo cual cubre su estructura dando una ornamentación bellísima, pero saturada y suntuosa.

Hermosas piezas talladas por Caspicara, realizadas en fina madera y luego policromada; como son: las imágenes que forman "El Calvario" y la de "Nuestra Señora de la luz".

El arcángel San Gabriel, tallado por Bernardo Legarda (1734) y que se conserva en el retablo mayor de San Francisco de Quito, en la que se destaca su extraordinaria belleza, de su obra labrada en madera policromada y adornada de flores el vestuario; clara muestra del estilo barroco.

La Virgen Inmaculada, típica obra de arte tallada por Bernardo Legarda, mediante la técnica alada, pero con enorme influencia del ideal e inspiración de Miguel de Santiago.

 

Convento del Carmen Alto

"Tránsito de La Virgen", conjunto escultórico de tamaño natural, talladas con maestría por Bernardo Legarda, máximo exponente de la imaginería quiteña, por su bellísimo decorado y policromado. Este  maravilloso y numeroso conjunto está expuesto en el Convento del Carmen Alto", en Quito.

Claustro del Convento del "Carmen Alto", en la que se observa que el número de arcos es el doble a los de la planta baja; está cubierta por un complicado techado a dos aguas y rematadas por las torres del campanarios con caracteríticas combinadas de clásico y barroco.

IMAGINERÍA

La imaginería es el arte de esculpir imágenes religiosas, cuya técnica adquirió un desarrollo extraordinario en los siglos XVI y XVII, mediante una técnica refinada, especializada y bien lograda.
Estas imágenes venían a complementar la arquitectura de templos, claustros y recoletas de las distintas congregaciones religiosas, desde el tiempo colonial; era como el último complemento, después de la construcción, la decoración de pilastras y artesonados y el tallado de coros y retablos.
En este retablo de la capilla de Cantuña, se puede apreciar la imagen de San Lucas, patrono de los pintores, obra del padre Carlos (1668) y restaurada por Bernanrdo Legarda en el siglo XVIII; el autor de la obra es considerado como uno de los grandes imagineros españoles en la especialidad del arte estatuario del siglo XVII.


Relieves policromados de Santiago el Mayor y de San Pablo se exponen en el Convento de Santo Domingo, obra atribuida a Diego de Robles, considerado entre los primeros imagineros españoles de la colonia.
La imagen de San Francisco, expuesto en el Museo del Banco Central del Ecuador en Quito, corresponde a la escuela de Alonso de Mena, cuya rigidez y monotonía de sus formas las recogió su hijo Pedro Mena, para a través de sus obras infundir sencillez y realismo.

Estatua tallada en fina madera de cedro, a fines del siglo XVI por el artista Diego Robles, quién talló además la Virgen del Quinche y la de Guápulo.

"Cristo Difunto", obra de tallado original de Diego de Olmos, llamado Pampite; esta maravillosa reliquia del arte de la escuela quiteña se la conserva en el museo del Banco Central de Quito. A Pampite se lo considera como el alumno más aprovechado que tuvo el padre Carlos, y sus obras están caracterizadas por la expresión viva y de un realismo exagerado, llevado hasta sus últimas consecuencias.